domingo, 20 de mayo de 2018

Sesión 5. Actividad 2. Marco Teórico. Hábitos alimentarios en 32 adolescentes de 14 a 15 años y su relación con el desempeño académico.

MARCO TEÓRICO
Antecedentes.
La educación y la salud, coexisten una de la otra, ambas  involucran procesos complejos que surgen justo en el seno familiar, llegan junto con el nacimiento, y se llevan durante toda la vida, no podrían completarse si una prescindiera de la otra.  El tema en conjunto es relativamente nuevo, a mediados del siglo XX iniciaron los primeros estudios de nutrición en México, de acuerdo con Pollit (1984) hace unas décadas se contaba con “muy poca información sobre los efectos que tienen la nutrición y la salud sobre la matrícula y los resultados escolares.” Las investigaciones fueron más allá de los factores económicos y sociales, ganando terreno la nutrición como determinante en la escolaridad.
En años más recientes las instituciones públicas y privadas a nivel mundial han trabajado en diversas investigaciones orientadas a la importancia de la alimentación en las diferentes etapas del ser humano sobre todo durante el crecimiento.  Estas aportaciones han confirmado que la malnutrición en la infancia llega a generar debilidad, dificultades para la concentración y el desarrollo de la potencialidad intelectual, cociente intelectual bajo, lento aprendizaje y retardo mental (Latham Michael C. 2002).  
Afortunadamente, las investigaciones de alimentación relacionadas con el desempeño escolar han ido en aumento y actualmente se encuentran con facilidad publicaciones educativas de estas, sin embargo, un alto porcentaje se limitan al estudio en los primeros años de vida, del periodo de lactancia hasta antes de la pubertad. Otros estudios y programas sociales que si consideran a los adolescentes se enfocan mayormente en la educación alimentaria para la prevención de la obesidad y enfermedades derivadas de esta, pocas abordan la influencia de los hábitos de nutrición en el aprendizaje durante esta etapa.
En la adolescencia, los cambios en el cuerpo demandan mayores cantidades de nutrientes,  sin embargo, con el crecimiento también aumenta la independencia, los gustos y hábitos definen en gran medida los valores nutricionales que se ingieren, cuando no son adecuados se corre el riesgo de padecer “síntomas del déficit de hierro que pueden ser sutiles e inespecíficos, como cansancio, cefalea, mareos, palpitaciones o disminución del rendimiento escolar y alteración de la conducta” Hidalgo y Güemez (2011).
Estudios de sistemas cerebrales han publicado que las grasas, además de ser fuentes valiosas de energía, influyen en los procesos cognitivos de las personas, específicamente, el consumo excesivo de grasa saturada interviene negativamente produciendo déficit en los procesos cognitivos como el aprendizaje y la memoria; mientras que la grasa no saturada o insaturada, puede ayudar a mejorar el conocimiento y evitar el deterioro cognitivo (Próspero-García y otros 2013). 

Bases Teóricas.
Muchos son los factores que han influido en la alimentación mundial a través de los años. La alimentación es una necesidad, un proceso complejo a través del cual se realiza la absorción de nutrientes que posibilitan las funciones metabólicas, es decir, la obtención de energía para realizar todas las funciones que requiere el ser humano, desde las más simples como dormir o respirar, hasta la que implica el máximo esfuerzo.  Por consiguiente, cualquier acción que llegue a desempeñar una persona será producto de la alimentación, incluyendo el rendimiento escolar.
El estudio de la alimentación ha trascendido del impulso nato por sobrevivir a la necesidad de seleccionar lo conveniente para vivir. Los servicios básicos de salud definen los hábitos alimentarios como el conjunto de conductas adquiridas por un individuo, por la repetición de actos en cuanto a la selección, la preparación y el consumo de alimentos (NOM-043-SSA2-2012). Pero, no son un acto aislado resultado del gusto y preferencias del individuo por sí solo, son producto de diversos factores como las costumbres familiares, recursos económicos, la educación, publicidad y contexto social.
En los primeros años de vida, se comienzan a establecer las conductas alimentarias determinadas por la experiencia, la imitación, las preferencias y la frecuencia con que se ofrecen. Para el inicio de la pubertad el individuo ya tiene definidos sus hábitos. El periodo de adolescencia comprende de los 10 a los 19 años, en esta etapa los hábitos son parcialmente modificados, sin embargo se debe prestar atención a los cambios propios de la edad donde la necesidad de mejorar el aspecto corporal, la influencia de los pares y la disminución o exceso de actividades físicas pueda generar situaciones de riesgo nutricional.
Disminuir la cantidad de comidas al día, en especial el desayuno o la comida,  es una actividad que puede poner en riesgo la salud de los estudiantes pues están limitando la ingesta de micronutrientes esenciales necesarios no solo para su desarrollo y crecimiento, sino también para la absorción del requerimiento energético.
Varios estudios observan que entre el 30-50% de los adolescentes no desayunan o lo hacen de forma irregular e insuficiente, esto puede ser compensado a lo largo del día con picoteos o refrigerios, pero no siempre es así. También, se ha observado que los adolescentes que no desayunan presentan más dificultades en el aprendizaje y en el rendimiento escolar. (Hidalgo y Güemez, 2011, p.362)
Con base en esto, se puede crear una línea de investigación para conocer qué alumnos sí o no desayunan, al compararlo con el rendimiento escolar se puede formar un precedente sobre la influencia que tiene en el grupo escolar y posteriormente proponer acciones que promuevan la mejora del aprendizaje.
Para determinar los hábitos de cada individuo en el grupo se tiene que investigar no  solo lo que se consume, también aspectos como el lugar para comer, los horarios organizados, la cantidad de comidas al día, el manejo y la selección de comidas.
De acuerdo a la Guía para el Cuidado de la Salud, la alimentación del adolescente debe constar de tres grupos de alimentos: Verduras y frutas, cereales y tubérculos, leguminosas y alimentos de origen animal. Debiendo incluir diariamente alimentos de los tres grupos y variarlo. Alimentarse cinco veces al día, con tres comidas completas y dos colaciones, evitando el abuso de alimentos y bebidas industrializadas, freídos, la “comida rápida” o “chatarra”. Los horarios deben ser regulares  evitando periodos de muchas horas sin alimento. Así como beber de 6 a 8 vasos de agua simple potable al día.
El rendimiento académico esta caracterizado por las actitudes, conocimientos y habilidades que utiliza el estudiante durante el proceso de aprendizaje. Su estudio es un proceso complejo donde debido a la gran cantidad de factores influye en el.  Navarro (2003) define este proceso como un “constructo susceptible de adoptar valores cuantitativos y cualitativos, a través de los cuales existe una aproximación a la evidencia y dimensión del perfil de habilidades, conocimientos, actitudes y valores desarrollados por el alumno”. La Secretaria de Educación Básica en México, establece que el resultado del desempeño escolar de los estudiantes se represente a través de la evaluación asignando los valores numéricos del 5 al 10, siendo el 5 el único indicador no aprobatorio y el 10 la máxima puntuación.

 

Bibliografía

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Hidalgo, M. I., y Güemez, M. (2011). Nutrición del preescolar, escolar y adolescente. Pediatría Integral, XIV(4), 351-368. Recuperado el 14 de mayo de 2018, de http://www.pediatriaintegral.es/wp-content/uploads/2012/03/Pediatria-Integral-XV-4.pdf#page=52
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Prospéro-García, O., Méndez D., M., Alvarado C., I., Pérez M., M., López J., J., & Ruiz C., A. E. (2013). Inteligencia para la alimentación, alimentación para la inteligencia. Salud Mental, 36(2), 109-113. Obtenido de Scientific Electronic Library Online. Recuperado el 14 de mayo de 2018, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-33252013000200002&lng=es&tlng=es
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